Sorteo de Navidad: Más de dos siglos de tradición

Lotería de Navidad

02/12/2013
La lotería de Navidad es un sorteo con más de dos siglos de tradición en España que han dado para mucho. El primer 'Gordo' data de 1812 en Cádiz, y el primer boleto afortunado, que en aquel entonces costaba 40 reales, fue el 03604. Pero en aquel entonces no era lotería ni sorteo de Navidad como se le denominaba al acontecimiento, no al menos hasta 1892, que sustituyó a la forma tracional "Prósperos de premios", aunque fue desde 1897 cuando el término apareció impreso en los propios billetes. El sorteo de Navidad tiene una gran tradición y es uno de los más relevantes, así como mayor número de seguidores tiene, del mundo. Su importancia no sólo reside en el corazón y la ilusión de los españoles que cada navidad compra varios billetes confiando que este sea el año, también lo es para el estado sobre todo por el pellizco que supone para las arcas públicas. Tanto es así que el acontecimiento que no se ha anulado ningún año, ni siquiera durante la guerra civil. La lotería suponía un 1,1% del Producto Interior Bruto de España, que equivalía a un 3% de los ingresos totales del Estado, y de ello fueron conscientes ambos bandos. En 1938 se llevaron a cabo dos sorteos distintos, uno para cada bando: Burgos celebró el del bando nacional y Barcelona el del bando republicano. Además de abarcar ya siglos, la lotería de Navidad ha recorrido varios lugares desde sus inicios en Cádiz. Ha pasado por la plaza de San ildefonso, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, el Ministerio de Economía y Hacienda... Pero sólo mirando unos años atrás, el sorteo ha pasado por tres lugares distintos: Tras 47 ediciones en la anterior de Loterías y Apuestas del Estado en la calle Guzmán el Bueno de Madrid, en 2010 se trasladó al Palacio de Congresos de Madrid para pasarse desde el pasado año al Teatro Real. La lotería de Navidad ha tenido también una gran tradición de honradez y transparencia, en la que su máxima siempre ha sido que no hubiera ni el más mínimo atisbo de posibilidad de trampa o manipulación, ya que ante todo se juega con la ilusión de todos. Tanto es así que nada se deja al azar, y todo se mide al milímetro para tener todo controlado. El mejor ejemplo son las bolas utilizadas, tanto de premios como de números, tienen 18,8 milímetros de diámetro y 3 gramos de peso. Son de madera de boj, con los números y letras grabados. Antiguamente se solía tallar primero el número en la bola, pero acusaron una diferencia mínima de peso entre bolas después de este proceso, por lo que se pasó a grabarlas a fuego (actualmente con láser). Las bolas permanecen en las liras colgadas en los paraguas, que se vuelcan en la tolva (un gran embudo transparente) para que pasen a los bombos. Tras girarse éstos, pasan por la trompeta hasta la copa, también de cristal, donde lo recogerán los famosos niños de San Ildefonso, no menos tradicionales que el propio sorteo. Los niños tienen que estar muy pendientes de todo, además de cantar correctamente los números y premios de las bolas y que ninguna salga disparada entre los nervios del gran día, que tampoco se acumulen dos a la vez en la copa de cristal de la que las extraen ellos. En el caso que esta circunstancia pueda darse, es muy importante que canten primero aquella bola que se vea en un nivel inferior, ya que por lógica será la que primero ha salido del bombo. El sorteo extraordinario de la Navidad, una tradición con más de dos siglos de años a la que tan solo le quedan veinte días. Los bombos, las bolas, los niños y cada butaca del Teatro Real empieza a calentar para el acontecimiento del año. Todo español se prepara para ver si este año es el de las mejores navidades de su vida.