Que vuelva el calvo... a repartirnos Lotería de Navidad


19/11/2010
Esta Navidad será diferente. Y no precisamente porque se apruebe una ley que prohíba a los ciudadanos colgar de sus balcones los muñecos de papá noel, ni porque les Corts no repartan generosos regalos a sus diputados (por portarse bien, ¿no?), ni porque la crisis deje las carteras y las ilusiones vacías. No, nada de eso. El décimo peligra. Sí, el del Gordo (una denominación que teme un ataque de los justicieros de lo políticamente correcto). Después de 200 años de mano en mano toca a su fin. Será la primera Navidad en que los jugadores del sorteo extraordinario puedan participar con un boleto de papel que expenda un aparato, al igual que sucede ya con la Primitiva o Euromillones. Se terminó el peregrinaje por las administraciones de lotería buscando un número con la fecha en que nació su primer hijo, en que la Roja ganó el Mundial de Fútbol o en que el Papa visitó Santiago de Compostela. Ahora una máquina expendedora será su fría suministradora de la suerte. Se acabó eso de pedir un número feo o raro. Usted elegirá la combinación ganadora (o perdedora, según el azar) porque la fortuna (como elegir el orden del apellido de su descendencia) está ahora en sus manos. Sin el típico décimo, las fotografías de los periódicos o los reportajes de televisión con los protagonistas borrachos de alegría (y de cava barato) no serán iguales, por supuesto. El décimo coexistirá con el boleto electrónico, aún así los gerentes de las administraciones consideran que esta medida puede matar a la gallina de los huevos de oro (de los loteros, claro). Tratan de ganarse adeptos argumentando que los tickets destiñen, que a los tres meses ya no se leen los dígitos ni la fecha del sorteo. Nada es cómo era antes. Dicen las malas lenguas que todo es una maldición. Que desde que el calvo de la lotería dejó de protagonizar el anuncio el negocio loteril (el impuesto voluntario, según algunos) ha ido a peor. ¡Que vuelva el 'pelao'! Y con él, la ilusión.