Loteria de Navidad en Verano


27/08/2009
Hablar de Navidad en pleno verano siempre se me ha antojado un tanto desestabilizador. Supongo que a los australianos o a los brasileños les pasaría lo mismo si pensaran en comprarse botas de esquí mientras se toman una capirinha tumbados en Copacabana. Parece impropio del flotador y la crema protectora eso de hablar del invierno, de las noches cortas y las manos heladas. En verano una llega a perder la noción de las duras jornadas que preceden al cambio de año. Es como una mañana de domingo. Para mí, son adorables, sobre todo por esa extraña sensación que se experimenta de que aún queda una eternidad para volver al trabajo. Los domingos prometen. No parece que vaya a terminar ese lento pasar el tiempo que, indolente, nos lleva al aperitivo y a la comida. Sin embargo, tras la siesta, todo cambia. La promesa se desvanece; de pronto, el domingo ha terminado y está a punto de llegar el fatídico lunes. Y, con él, el resto de la semana laboral. Con el verano esa sensación se multiplica exponencialmente. A comienzos de agosto, parece que el buen tiempo y la alegría estival nunca vayan a terminar. Justo hasta el momento en que alguien te dice. "ya hay lotería de Navidad". Y es entonces cuando te das cuenta de que el domingo soleado y eterno ha dado paso a las vísperas. Las terribles vísperas que causan síndrome posdominical de forma continua y postvacacional, de forma esporádica. Junto al anuncio de la vuelta al cole, la venta de lotería y los pronósticos de cuáles serán los juguetes de la próximos Reyes, llegará el frío, el estornudo y el maldito jefe que nos hace la vida imposible, o, simplemente, no-vida. Este año, además, habrá más paro, gripe A y un nivel de crispación elevadísimo. O sea, todo lo contrario del verano de ocio, calor y relax.